martes, 30 de julio de 2013

Una historia de honorarios de certificación energética

Las certificaciones energéticas han servido para reactivar un poco el sector de la construcción, para enfadar a propietarios y usuarios con "otro impuesto más", y para entablar una lucha en el mercado de teórica libre competencia entre Arquitectos, Arquitectos Técnicos e Ingenieros Industriales. Este nuevo entorno también nos deja otra lucha, en condiciones de competencia desleal que si bien no nos decidimos a denunciar, ni existen recursos o medios para hacerle frente, bien lo podemos contar...
Todos sabemos que nuestro mejor comercial y valedor de nuestro trabajo son nuestros amigos, que a parte de conocernos personalmente nos valoran profesionalmente y que es a través de ellos, uno de los canales que nos pueden traer muchos trabajos.

Te llama tu amigo para que le ofertes la certificación energética para un amigo de él, para un piso de una habitación de 80 metros. Analizas el encargo y decides pasar una oferta de 240,00€ con impuestos incluidos.

Esto supone que al coste total del encargo: 240,00€ hay que restarle el 7,00% de IGIC, 16,80€, y el 21,00% IRPF, 50,40€, con lo importe del trabajo libre de impuestos sería 172,80€.

Esperas una respuesta favorable del encargo ya que consideras que has pasado una buena oferta. Días después te llama tu amigo y te dice que hay otro "técnico" que ha pasado una oferta mejor que la tuya, te la dice y todo, 180,00€ y que cree que el amigo se va a decidir por esta oferta.

En un primer momento piensas, bueno, este "técnico" se ha ajustado bastante, pero ¿qué pasa? De repente tu amigo te dice que este "técnico" trabaja ilegalmente, es decir, no está dado de alta en la seguridad social, no realiza declaración de los trabajos en hacienda, no paga la cuota del colegio, etc...

Ante este tipo de competencia nos quedan dos opciones, una denunciarlos u otra esperar que las entidades competentes tomen cartas en el asunto. Por alla por el año 2000, estos casos no nos importaban, cuando sobraba el trabajo, pero ahora en un entorno de tanta competencia, casos como estos no ayudan a darle credibilidad al sector y a la profesión. No podemos parecer un gremio pirata y sin regulación, se que los tiempos son difíciles y que las necesidades financieras de cada uno pueden ser muy complicadas pero hay que entender y saber que hay límites que no se pueden pasar, no todo vale.

A ojos del cliente, el certificado energético le vale igual por un técnico que pague impuestos que otro que no, lo que valora es el precio. Este es la cruda realidad.

Lo que si es inadmisible por parte de los órganos de registro de los certificados energéticos es que no haya un control para verificar la capacidad legal de los técnicos y qué tampoco se verifique si la persona que registra telemáticamente el certificado energético es un técnico o no, ya que si bien, es el técnico el que tiene la obligación de realizar el trámite, el requisito que se solicita para subirlo es un certificado digital o dni electrónico y no ningún tipo de certificado profesional.

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