jueves, 31 de enero de 2013

¿En qué consiste la prescripción urbanística?

Hace unos meses publicamos un breve post acerca de la prescripción urbanística. Hoy vamos a describir en qué consite este trámite urbanístico.





La prescripción urbanística es un documento solicitado para tramitar alguna documentación municipal, poder tener contador de luz propio o para poder escriturar edificaciones que se realizaron sin documentación de proyecto y licencia o no se tramitaron en su día los certificados finales de obra, y una vez pasado cuatro años desde su terminación, puede ser una opción más asequible realizar este procedimiento que los certificados.

Muchas veces, las entidades municipales solicitan además del certificado de prescripción urbanística, un certificado de estabilidad estructural y un certificado de habitabilidad según normativa autonómica vigente. Estos tres documentos son completamente independientes, lo que legitima uno no se puede entender legitimado en los otros.

También, la prescripción urbanística es solicitada por las notarías y registradores de la propiedad para inscribir las viviendas. 

En la prescripción urbanística, es aconsejable realizar una plano de la vivienda, ya que, un dato que nos solicitarán son las superficies útiles y construídas, así como las superficies habitables, de zonas comunes, etc.

Dentro de la prescripción el dato más relevante es la certificación de la antigüedad, es decir, hay que certificar y demostrar cuándo se terminó dicha edificación. No vale con decir una fecha y quedarse tan ancho, ya que se podría poner en entredicho la profesionalidad del gremio. Hay muchas maneras de justificar dicha antigüedad, cómo con recibos de agua, de luz, de contribuciones de los ayuntamiento o mediante histórico de fotos aéreas.

Los técnicos competentes de realizar dicho trámite son los Arquitectos y los Arquitectos Técnicos, a menos que la nueva Ley de Servicios Profesionales diga lo contrario. Por suerte, hasta el día de publicación de esta entrada, esta nueva Ley no deja de ser un borrador sin sentido que esperemos, se enriquezca de criterio y sentido común con las quejas y aportaciones de todos las profesiones implicadas.

























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